El brasileño Raphinha (FC Barcelona) celebra un gol en la Supercopa de España 2026 ante el Real Madrid. / RFEF

El brasileño Raphinha (FC Barcelona) celebra un gol en la Supercopa de España 2026 ante el Real Madrid. / RFEF

Barcelona 3-2 Real Madrid

Por segundo año consecutivo, el conjunto azulgrana le arrebata el trofeo a su eterno rival, sellando un triunfo por 3-2 en lo que se recordará como uno de los mejores Clásicos de los últimos años. El encuentro fue el escenario de una batalla épica y personal entre Raphinha y Vinicius Jr., quienes, con un fútbol de otra galaxia, sostuvieron un pulso vibrante que mantuvo al mundo en vilo hasta el último suspiro. Esta derrota supone, además, un golpe amargo para el proyecto de Xabi Alonso, que ve cómo se le escapa su segundo título como técnico madridista ante un Barça que parece haberle tomado la medida definitiva al torneo.

Desde el pitido inicial, el guion fue el esperado en los grandes duelos de estilos. El conjunto catalán se adueñó del esférico, buscando desgastar el bloque blanco con largas posesiones y una circulación fluida. El Madrid, cómodo en su papel de funambulista, aguardaba agazapado, esperando el mínimo error azulgrana para lanzar sus flechas al contraataque.

Tras diez minutos de tanteo y una lucha encarnizada por el control del centro del campo, el partido rompió aguas en el minuto 14. Vinicius Jr., eléctrico como de costumbre, firmó la primera ocasión clara tras una galopada por la banda izquierda que terminó con un disparo ajustado; sin embargo, se topó con una respuesta providencial de Joan García, que evitó el primero del encuentro.

El partido entró en una fase de ida y vuelta constante. En el 33’, tras una recuperación de Valverde, Gonzalo tuvo en sus botas el gol, pero su definición careció de la malicia necesaria y terminó en los guantes del portero azulgrana.

Fue entonces cuando emergió la figura de Lamine Yamal. El joven talento comenzó a impartir un recital de visión de juego. En el 35’, filtró un pase al hueco de otro planeta, al primer toque, que dejó a Raphinha solo frente a la gloria, pero el brasileño mandó el balón fuera de manera incomprensible.

La justicia poética no tardó en aparecer. Solo un minuto después de su error, Raphinha aprovechó una pérdida de Rodrygo en la medular para firmar una jugada de autor. Él lo empezó y él lo terminó: se internó en el área y, con una definición rasa y quirúrgica al palo opuesto, batió a un Courtois que nada pudo hacer. 1-0.

A partir de ahí, el Barça arrolló. Con una presión alta asfixiante, el Madrid comenzó a dudar en la salida de balón. Lamine Yamal volvió a frotar la lámpara en el 40’, dejando a Pedri solo para un remate a bocajarro que Courtois, demostrando por qué es el mejor del mundo, desvió a córner con una estirada milagrosa que mantuvo con vida a los de Xabi.

Lo que sucedió en el descuento entrará en los libros de historia de la Supercopa. Cuando parecía que el Barça se iría al descanso en ventaja, Vinicius Jr. se inventó una genialidad en el 45+2’: duelo individual contra Koundé, caño dentro del área y definición magistral al palo largo para el 1-1.

Pero la alegría blanca duró apenas sesenta segundos. En la siguiente jugada, un pase filtrado encontró a Robert Lewandowski, quien, con la sangre fría que le caracteriza, firmó una “picadita” exquisita por encima de Courtois para volver a poner al Barça por delante (2-1).

Sin embargo, el Clásico no permite parpadear. En el último suspiro del añadido (45+5’), un zapatazo de Huijsen se estrelló en la madera, y el rechace cayó en los pies de Gonzalo. Su remate, tras una carambola fortuita, terminó besando las redes para sellar un empate a dos que ponía el broche de oro a una primera parte brutal, intensa y absolutamente impredecible.

Desde el pitido de reanudación, Vinicius Jr. asumió los galones de líder absoluto. En el 53’, el brasileño avisó con un latigazo seco desde fuera del área que obligó a Joan García a volar, firmando una estirada antológica para desviar el balón. Los primeros diez minutos fueron un asedio blanco, con un Madrid muy superior que encontraba en su ‘7’ el faro para desbordar una y otra vez.

La tensión alcanzó su punto de ebullición en el 57’. Una gravísima entrada de Raúl Asencio sobre Pedri para cortar un contragolpe incendió el banquillo de Hansi Flick. Mientras los azulgranas reclamaban la cartulina roja, el colegiado zanjó la polémica con una amarilla para el defensor y otra para Eric García por las airadas protestas. El Clásico estaba en su punto más caliente.

En el 60’, el duelo de porteros alcanzó cotas épicas. Tras una serie de rebotes caóticos en el área, el balón le quedó franco a Rodrygo. El brasileño definió con maestría, pero Joan García volvió a aparecer con unos reflejos felinos, reivindicándose ante los ojos de todo el país como un serio aspirante a la titularidad de la Selección.

Flick movió ficha en el 65’, buscando oxígeno y control con las entradas de Dani Olmo y Ferran Torres por Lewandowski y Fermín. Poco después, el Madrid perdía a Valverde por molestias físicas, dando paso al talento joven de Arda Güler.

El intercambio de milagros continuó en el 70’. Esta vez fue Courtois quien le ganó la partida a un Lamine Yamal que conectó un remate impecable tras centro de Koundé. El belga, a bocajarro, sacó una mano imposible que mantenía las tablas. Sin embargo, el fútbol premia la insistencia, y en el 73’ llegó el momento clave: Raphinha, el capitán, probó fortuna desde la larga distancia. Su disparo impactó en Raúl Asencio, despistando a Courtois y colándose en la red. El Barça golpeaba de nuevo cuando más sufría: 3-2.

Con el marcador en contra, el Real Madrid puso toda la carne en el asador. Entró Kylian Mbappé al campo en el 76’, acompañado de Alaba, para un asalto final que convirtió el partido en una auténtica locura. Los cambios se sucedieron, incluyendo a Rashford con la elástica azulgrana y la entrada de Mastantuono en las filas blancas.

La épica tornó en drama en el 90+1’ cuando Frenkie de Jong vio la tarjeta roja directa tras una entrada durísima sobre Mbappé, dejando al Barça con diez hombres para el tiempo de descuento. Flick reaccionó de inmediato introduciendo a Araujo para levantar una muralla.

Los últimos minutos fueron el escenario de la consagración definitiva de Joan García. En el 90+6’, el guardameta salvó un remate a bocajarro de Álvaro Carreras que ya se cantaba como gol. Y apenas un minuto después, en la última jugada del encuentro, detuvo un cabezazo imperial de Tchouaméni sobre la misma línea. Con el pitido final, el Barcelona se proclamó campeón, elevando a los altares a un Joan García que detuvo el tiempo para darle el título a los suyos.

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