EL REAL MADRID SALVA UN PUNTO MILAGROSO EN SU VISITA AL ELCHE
El centrocampista del Real Madrid Jude Bellingham se lamenta durante el partido de la jornada 13 de LaLiga entre el Elche CF y el Real Madrid, este domingo en el estadio Martínez Valero.Manuel Bruque
En un Martínez Valero desatado, el Elche rozó una victoria histórica ante un Real Madrid irreconocible que solo logró rescatar un punto en un final absolutamente milagroso.
En el Martínez Valero se vivió una de esas noches que explican por qué el fútbol sigue siendo el deporte más imprevisible del mundo. El Elche, valiente, ambicioso y con un plan claro, tuvo contra las cuerdas a un Real Madrid irreconocible durante gran parte del encuentro. Y cuando el estadio soñaba con una victoria histórica, el gigante blanco, empujado más por la fortuna y su pegada individual que por su juego, consiguió rescatar un punto en los últimos minutos. Milagro o casualidad, el marcador final dejó la sensación de que el fútbol fue especialmente injusto con los franjiverdes.
El partido comenzó eléctrico. En el minuto 17´, un error garrafal de Carreras dejó al Madrid con un mano a mano clarísimo. El silencio se congeló durante un segundo eterno… pero Courtois, colosal, detuvo lo que era un gol cantado y mantuvo vivo a su equipo. Lejos de tambalearse, el Elche reaccionó con personalidad, presionando arriba y obligando al Madrid a cometer numerosos errores en la salida de balón, un síntoma claro de que algo no funcionaba en el engranaje blanco.
No fue hasta el 25´ cuando el conjunto de Xabi generó su primera acción peligrosa: un latigazo de Arda Güler desde la frontal que obligó a Iñaki Peña a estirarse. Fue el primer aviso del talento turco, pero no cambió el guion. El Elche seguía jugando de cara, sin miedo, con personalidad y proponiendo fútbol, moviendo el balón con criterio y metiendo en apuros constantes a los de Chamartín.
Tres minutos después, en el 28’, llegó la primera ocasión seria de Mbappé, recorriendo la frontal a toda velocidad, aunque sin precisión en la definición. El Elche respondió sin complejos y, en el 33’, el estadio explotó cuando Iñaki Peña realizó un paradón increíble a bocajarro, de nuevo ante Mbappé, que no podía creerse cómo el meta franjiverde seguía sosteniendo a los suyos.
El descanso llegó con sensación de sorpresa… pero lo mejor estaba por llegar.
La segunda mitad comenzó con el Elche desatado. En el 53’, Febas culminó una jugada llena de fe y energía, rematando un centro al corazón del área para firmar el 1-0 que hacía justicia al esfuerzo del conjunto local. El Martínez Valero rugió. Y el Madrid… no reaccionó.
Porque el Elche no solo ganaba: dominaba. En el 64’, el conjunto ilicitano era amo y señor del partido. La figura de Germán Valero, imperial, se erigía como un muro en el mediocampo y una brújula en cada recuperación. La grada disfrutaba. Jugarle así al Real Madrid no es para cualquiera.
Pero si algo define al equipo blanco es que nunca hay que darlo por muerto. En el 78’, tras un córner sin aparente peligro, Huijsen cazó un balón muerto en el área y firmó el
1-1, un gol que cayó como un jarro de agua fría sobre un Elche que había sido superior en todo.
El golpe fue duro, pero todavía quedaba más drama. En el 84’, Álvaro Rodríguez apareció desde segunda línea para soltar un disparo seco desde fuera del área que sorprendió a Courtois y puso el 2-1.
Sin embargo, el fútbol aún guardaba una última sorpresa. En el 87’, Peña rechazó un disparo durísimo dentro del área, pero el balón quedó muerto para Mbappé, que tuvo la lucidez de dar el pase atrás perfecto para que Jude Bellingham empujara el 2-2.
Cuando todo parecía decidido, Chust vio la segunda amarilla en el 96+6 tras un empujon a Mbappe y dejó al Elche con uno menos, cerrando una noche tan brillante como cruel para los locales.
El pitido final dejó claro que el Real Madrid salvó un punto milagroso, pero también que el fútbol, por momentos, tiene una memoria extraña: el Elche mereció mucho más que un empate. Firmó uno de sus mejores partidos en años, dominó, golpeó y soñó. Y aunque el marcador no lo premie, el Martínez Valero fue testigo de una actuación para recordar.