LOS BLANCOS ATROPELLAN AL MÓNACO EN EL BERNABEU
Real Madrid 6-1 AS Mónaco
La música de la Champions League volvió a resonar en Chamartín, y con ella, el inicio de una nueva era. El debut de Álvaro Arbeloa en el banquillo europeo no era una cita cualquiera; era un juicio. El equipo arrastraba las cicatrices de la reciente derrota ante el Albacete y la actuación lamentable frente al Levante, y la grada no olvida fácilmente. El técnico salmantino fue recibido con una mezcla de pitos y aplausos, un termómetro exacto de una afición que aún no ha concedido el perdón absoluto, pero que está desesperada por volver a creer.
El balón echó a rodar con el Mónaco pidiendo paso, pero el Real Madrid salió con el colmillo afilado, decidido a barrer las dudas. No hubo que esperar mucho para el primer estallido. En el minuto 6, Kylian Mbappé recibió en la frontal, oteó el horizonte y, con un toque quirúrgico, mandó el cuero raso al palo izquierdo de Köhn. 1-0. El francés, pitado con saña por los desplazados monegascos, respondió donde mejor sabe hacerlo.
La respuesta blanca fue inmediata: Arda Güler, con esa visión periférica que asusta, habilitó a Vinicius, cuyo disparo lamió el poste. Pero el partido era un intercambio de golpes. El Mónaco no se arrugó y Balogun rozó el empate en una contra fulminante. Los primeros 15 minutos fueron un vendaval de fútbol ofensivo, un “caos controlado” donde el Madrid de Arbeloa generaba peligro en cada transición.
El brasileño se echó el equipo a la espalda. Tras un susto de Balogun y una mano espectacular de Köhn a remate de Vini tras falta de Güler, llegó la conexión definitiva. En el minuto 26, Vinicius devoró la banda, llegó a línea de fondo y regaló el “pase de la muerte” para que Mbappé firmara su doblete.
El Bernabéu comenzó a rendirse. Vinicius, que inició el choque bajo la lupa, estaba logrando lo imposible: transformar el murmullo de desaprobación en una ovación cerrada.
El Mónaco, sin embargo, seguía vivo. Teze estrelló un misil en el larguero y Balogun obligó al portero blanco a realizar una estirada de época justo antes del descanso. El Madrid ganaba, pero el partido seguía “en llamas”.
En la reanudación, Arbeloa demostró que no le tiembla el pulso. Buscó blindar el equipo y potenciar el ataque con una línea de tres centrales, retrasando a Tchouameni y dando entrada a Asencio. El ajuste fue letal. El Madrid se convirtió en una apisonadora unilateral. Minuto 51: Vinicius, en estado de gracia, asistió a Franco Mastantuono para que el joven talento pusiera el 3-0. Minuto 55: La presión blanca provocó el error de Kehrer, que marcó en propia puerta el 4-0.
El momento de la noche llegó en el 63’. Vinicius Jr. agarró el balón en la frontal y soltó un latigazo que limpió las telarañas de la escuadra monegasca. Un 5-0 que puso a todo el estadio en pie. Era la “manita”, era la reconciliación total.
No todo fue perfecto. Dani Ceballos, que vivió una noche errática en la salida de balón, cometió un error grave en el área propia que Teze aprovechó para maquillar el resultado (5-1). Sin embargo, el Madrid no permitió que el Mónaco soñara con más.
Jude Bellingham, fiel a su cita con el destino, puso el sexto tras un regate antológico al portero. Hubo tiempo incluso para el romanticismo: en el 83’, Dani Mesonero debutó en la Champions, sustituyendo a un Valverde incansable.
El pitido final decretó el 6-1. Arbeloa supera su primera gran prueba europea con una nota altísima. Aquella pitada ante el Levante parece hoy un eco lejano, enterrada bajo una montaña de goles y un juego que invita a la esperanza. El Real Madrid ha vuelto, y lo ha hecho con la autoridad de quien se sabe dueño de Europa.